QUEVEDO


























Francisco de Quevedo fue uno de los escritores más importantes del Siglo de Oro español, conocido por su ingenio, su dominio del lenguaje y su estilo satírico. Fue una de las mentes más brillantes e ingeniosas de su época. Su personalidad fuerte, su capacidad y su lengua afilada le ganaron tanto admiradores como enemigos. Era un hombre profundamente culto: dominaba el latín, el griego, el hebreo y conocía a fondo la filosofía clásica, lo que se refleja constantemente en sus escritos.

Nació en Madrid en 1580, en una familia noble. Desde joven destacó por su gran inteligencia y su facilidad para las letras. Estudió en la Universidad de Alcalá de Henares y más tarde en la de Valladolid, donde se relacionó con otros intelectuales y empezó a escribir.

Quevedo fue un autor muy versátil: escribió poesía, prosa, ensayos y obras políticas. Su poesía abarca desde temas amorosos y filosóficos hasta sátiras mordaces contra la hipocresía, el poder o la sociedad. Era un maestro del conceptismo, un estilo literario que busca condensar mucho significado en pocas palabras, usando juegos de ideas, dobles sentidos y agudeza mental.

Romance satírico

“Casaos con él, y jamás

vïuda tendréis pasión,

que nunca la misma muerte

se oyó decir que murió.”

Este poema es una crítica social con humor, donde Quevedo se burla del matrimonio y de la idea de casarse con un hombre que “ni la muerte quiere”. Todo está en tono irónico para señalar lo absurdo de ciertas relaciones y costumbres.

En el ámbito personal, se cree que Quevedo vivió algunos romances, aunque su vida amorosa sigue siendo un misterio. En varios de sus poemas aparece una mujer llamada Lidia, que podría representar a una dama real o ser simplemente un personaje poético. También se ha mencionado una posible relación con Doña Esperanza de Mendoza, aunque no está comprobado. A pesar de ello, Quevedo nunca se casó, probablemente por su carácter solitario, su dedicación a la escritura y los problemas políticos que marcaron su vida.

Era conocido en su época como “el azote de la vanidad”, porque no perdonaba ni a poderosos ni a personajes de moda. Eso lo convirtió en una figura temida y admirada al mismo tiempo. 

Además, tuvo una gran rivalidad con Luis de Góngora, otro importante poeta del Siglo de Oro. Mientras Góngora cultivaba el culteranismo, un estilo más ornamental y musical, Quevedo defendía el conceptismo, centrado en la agudeza del pensamiento y el contenido.

Su vida fue tan intensa como su obra. Trabajó al servicio del duque de Osuna y viajó por Italia, pero con el tiempo cayó en desgracia y fue encarcelado varias veces, acusado de conspirar contra el rey.

Entre las obras más famosas de Francisco de Quevedo destacan tanto su prosa como su poesía. En el ámbito de la prosa, se encuentran La vida del Buscón llamado Don Pablos, una novela picaresca que narra la vida de un joven pobre que intenta ascender socialmente, llena de humor negro y crítica a la sociedad. También fue autor de numerosos epigramas, cartas y panfletos, muchos de ellos dirigidos a denunciar la hipocresía social y política de su época, consolidándose así como una de las voces más importantes del Siglo de Oro español.

Nos vamos a centrar especialmente en su poesía, ya que es en ella donde muestra con más claridad su forma de ver el mundo y su personalidad literaria. Su obra poética no solo es extensa, sino también sorprendentemente variada: puede pasar del tono más serio y profundo a la burla más afilada sin perder fuerza ni claridad.



A un hombre de gran nariz

        “Era un reloj de sol mal encarado.

          Érase un elefante boca arriba,

          Érase una nariz sayón y escriba,

          Un Ovidio Nasón mal narigado.”

En este poema Quevedo exagera humorísticamente el tamaño de la nariz del protagonista. A través de comparaciones e hipérboles. El objetivo del poema es ridiculizar al personaje y demostrar el talento ingenioso del poeta.

Una de las características más interesantes de su poesía es cómo mezcla cultura clásica, filosofía y observación de la vida cotidiana para crear versos que parecen simples pero que están llenos de significado. Además, Quevedo usa el humor como una herramienta crítica, no solo para hacer reír, sino para dejar en evidencia la falsedad o la tontería de ciertas conductas humanas.

A una dama bizca y hermosa

       “Lo que no miran ven, y son despojos

suyos cuantos los ven, y su conquista

da a l’alma tantos premios como enojos.”

Aquí Quevedo mezcla belleza y defecto físico. Se ríe de que la mujer es bizca, pero al mismo tiempo reconoce que sigue siendo atractiva. El poema juega con la contradicción y usa humor para hacer un retrato divertido y un poco burlón.

También destaca la forma en la que juega con el tiempo y la memoria: muchos de sus poemas reflexionan sobre cómo todo se desgasta, cómo lo que hoy parece importante mañana ya no vale nada. Este tema aparece tanto en sus versos más serios como en los burlescos, lo que demuestra que su preocupación por la fugacidad de la vida era constante.

Amor constante, más allá de la muerte

         “Cerrar podrá mis ojos la postrera

          sombra que me llevare el blanco día,

          y podrá desatar esta alma mía

          hora a su afán ansioso lisonjera.”

Este poema habla del amor eterno, ese que sigue vivo incluso después de que la persona muera. Quevedo básicamente dice que, aunque su cuerpo desaparezca, su amor va a seguir igual de fuerte. 

Otro aspecto clave es cómo usa el lenguaje. Quevedo no adorna ni complica sin necesidad: prefiere la precisión y la rapidez. Sus poemas funcionan casi como dardos, con frases cortas, ideas compactas y un ritmo muy marcado que hace que cada verso golpee fuerte. Esto hace que su poesía, aunque escrita hace siglos, siga sonando directa y actual.

Algo que también llama mucho la atención de la poesía de Quevedo es la cantidad de recursos poéticos que domina. No solo juega con las ideas, que es lo más típico del conceptismo, sino que también trabaja muchísimo el ritmo y la estructura. Por ejemplo, usa un montón de sonetos, que son poemas de 14 versos que parecen muy rígidos, pero él consigue que suenen súper naturales, como si ese ritmo tan perfecto le saliera sin esfuerzo.

También es muy importante que su poesía influyó muchísimo en autores posteriores. Muchos poetas de otras épocas, incluso de siglos después, han dicho que admiran su capacidad para mezclar pensamiento profundo y humor. A escritores contemporáneos les gusta su forma de usar las palabras de manera tan directa y su habilidad para hacer que un verso corto te deje pensando durante horas.



Quevedo no tenía ningún miedo a escribir sobre temas que hoy consideraríamos “poco poéticos”. En algunos poemas utiliza un humor muy exagerado, grotesco e incluso escatológico, con el que intenta hacer reír, pero también sacar los colores a la gente.

Murió en Villanueva de los Infantes en 1645, a los 65 años. Sus últimos años fueron difíciles: había caído en desgracia tras sus enfrentamientos políticos y su participación en intrigas de la corte. Estuvo encarcelado varias veces y sufrió enfermedades que afectaron su salud.

Se dice que murió en la pobreza y alejado de la vida pública, a pesar de haber sido uno de los escritores más importantes y reconocidos de su época. Sin embargo, dejó un legado literario enorme, con obras que siguen estudiándose y admirándose hoy por su agudeza, su crítica social y su estilo inconfundible.







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